Educadores sociales “de occidente”. Entre la incertidumbre y la certeza

A todos los educadores y educadoras sociales , desde Ripoll hasta “Alaska” , desde Tombuctú al País Vasco , desde las tierras del Bierzo hasta la Argentina  , desde Andalucía al Brasil de Freire, a todos GRACIAS .

 

Este post pretende ser un ejercicio de introspección “en voz alta” sobre la necesidad de deconstruir y re-construir nuestro imaginario colectivo , en un momento en el que los profesionales de la educación social comenzamos percibir que los paradigmas bajo los que nos desarrollamos no encierran todas las respuestas ni son válidos para todas las circunstancias.

Somos los educadores y educadoras sociales de Occidente , porque en la elaboración de  la visión dominante  se realiza una dicotomización previa entre occidente y el resto- o formas parte de  occidente o de “lo otro” – y formar parte del resto no occidental supone partir de una inferioridad social , intelectual e incluso profesional.

Somos parte pues , queramos o no , de la mayoría occidentalizada y occidentalizante en el plano paradigmático , pero en nuestro desenvolmiento diario , en nuestras prácticas más cotidianas nos enfrentamos a cuestiones que nos retan a cuestionarlo.

Esta debería ser la principal de nuestras  incertidumbres , ¿como ser capaces de conciliar nuestro propia visión con un contexto más amplio y con las visiones  que nos determinan?. Cómo todos los interrogantes complejos no tiene una respuesta sencilla.  En este sentido , son varios los autores que , como Colom Cañellas ,   plantean las bases de una nueva epistemología propia de la educación social que tenga en cuenta las nuevas condiciones sociales  y los efectos del proceso globalizador .

Esto tiene todo el sentido del mundo , los procesos sociales son diferentes a los que tenían lugar en los albores de nuestra profesión , y la epistemología propia de la pedagogía social , en la que nos apoyamos , no resulta lo suficientemente concreta. También son diferentes los mecanismos de exclusión social ;  y la inclusión como concepto comienza a ser cuestionada  por lo ambiguo de su significado y la aviesa utilización del término  que en ocasiones se lleva a cabo.

Tampoco lo que entendemos como “cultura” ha permanecido inmutable , más bien al contrario  , “lo cultural” se ha transformado en un proceso dinámico y de hibridación. Sobre todo en los contextos urbanos  no existe una cultura unívoca sino una amalgama conformada por elementos de diversa procedencia. En este sentido , las corrientes migratorias acrecientan el sentido globalizador y complejo de la sociedad y como consecuencia  las identidades – individuales y colectivas – también son híbridas y complejas.

A esto hay que sumar la práctica desaparición de la comunidad y “lo comunitario”( uno de nuestros “baluartes”)  que es sustituido por nuevos espacios en los que se generan identidades y colectividades virtuales que  producen nuevas formas de exclusión y marginalidad.

En definitiva , estamos asistiendo a la aparición de una serie de fenómenos y procesos que van produciendo cambios significativos en el contexto social  y que la educación social deberá tener en cuenta en su fundamentación epistemológica.

Y a esto es a lo que nos enfrentamos las educadores y educadores sociales de occidente , a unos contextos cada vez más complejos  en un  mundo objetivo y globalizado  .  En palabras de la filósofa-política  Hannah Arent “contra la subjetividad de los hombres se levanta la objetividad de mundo hecho por el hombre”.

Frente a este panorama la mayor de las certezas debería ser que  necesitamos cuestionarnos las bases y paradigmas que hasta el momento nos han guiado. Debemos ser actores fundamentales en la transformación , no sólo de lo que hacemos ( que por cierto hacemos bien) , sino y sobre todo , de las bases sobre las que lo hacemos , de los paradigmas , de las teorías ……………Solo así podremos llevar a cabo una verdadera transformación social.

Debemos contemplar la globalidad   -como cambio estructural – y los escenarios ante los que nos sitúa para poder hacer frente a los grandes retos que se  nos presentan. Por tanto la globalización y la complejidad  tendrán que formar parte de nuestro marco conceptual , asumiéndolas , por un lado,  como elemento ineludible de nuestro contexto,  pero cuestionando los procesos perniciosos de la objetivización que produce el proceso globalizador  a través de la intervención en el fortalecimiento de lo subjetivo – las necesidades individuales , locales y comunitarias-

Lo enfoques ecológicos e interculturales pueden ayudar a que la educación social sea eficaz en la resolución de estos problemas  y ,  a pesar de los nuevos escenarios , debemos seguir orientándonos  hacia logros participativos también a través de la gestión  de culturas complejas de raíz multi-étnica.

Nosotros , los educadores y educadoras sociales de occidente , o no , somos los “artesanos ” de lo social  , los que nos enfrentamos a la realidad sin filtros ; pero debemos comenzar a ser también los  diseñadores  de nuestra disciplina. Tenemos la capacidad y el bagaje suficiente para hacerlo , ahora queda por ver si lo haremos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Publicado por

intereduso

Educadora Social interesada en la diversidad , la interculturalidad y los nuevos espacios de la profesión

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